El devenir de la filosofía y de las diversas ciencias modernas ha conducido al predominio actual de un enfoque analítico de la realidad, un enfoque basado en el principio de reducción, según el cual explicar un fenómeno consiste en dividirlo en sus partes componentes y fundamentar en ellas tal explicación. La aparente complejidad de la realidad se ha visto reducida a elementos y principios.

El caso específico de la investigación del ser humano, tomado como objeto de conocimiento, no ha sido una excepción a esta tendencia moderna, si bien se ha visto compensada por la explosión de antropologías de distinta índole, principalmente no reduccionistas, surgidas, como señalaba Michel Foucault, al calor de la «muerte del hombre», del fin del sujeto trascendental kantiano tomado como principio metodológico. Es el caso de la propuesta del psicólogo norteamericano Steven Pinker en La tabla rasa: llevar a cabo una consilience entre ciencias sociales, ciencias de la naturaleza humana (psicología y neurociencias) y ciencias de la vida (neurobiología, biología molecular), en la que la cultura se explica en términos de representaciones psicológicas y cognitivas individuales, y éstas, a su vez, en términos neuronales y finalmente genéticos. Se ha pretendido así explicar la totalidad del hombre en términos de sus partes, su complejidad a partir de sus componentes más simples.

Frente a esta tendencia analítica-reduccionista que disuelve al hombre en un conjunto de partes e impide con ello la comprensión de su realidad integral parece necesario plantear otro tipo de aproximación, capaz de tomarse en serio y abordar su totalidad, su ser-en-la-complejidad. Y en este punto tampoco bastan por sí solas las perspectivas aisladas de las diversas antropologías (física, arqueológica, cultural, lingüística, etc.).

La mesa temática Antropología y complejidad se plantea así como un foro al que todos los enfoques antropológicos están llamados, acogedor de la verdad —parcial— de cada uno de ellos, pero que aspira también a algo más que a una mera reunión de parcialidades, que a una simple yuxtaposición de partes y hace un llamamiento a esa capacidad de integración de conocimientos de la que la disciplina filosófica hace vocación. Y, puestos en perspectiva, esta mesa señala la pregunta kantiana: ¿qué es el hombre?, es decir, ¿qué sistema de representaciones se propone el sujeto sobre sí mismo?, y apunta hacia su cuestionamiento foucaultiano: ¿quiénes somos?, esto es, ¿qué nuevos sistemas de representaciones tenemos de nosotros mismos?